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Hibakusha : historia de un traductor alemán que colabora con el Tercer Reich

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Cinna y Barboni. Hibakusha. Traducción: Álvaro Nofuentes Hernández. Ponent Mon  ISBN: 978-1-910856-98-7

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Hibakusha es un precioso cómic que nos cuenta la historia de un traductor alemán que colabora con el Tercer Reich, y que en la etapa final de la II Guerra Mundial se encuentra en Hiroshima trabajando con unos documentos secretos.

Hibakusha (被爆者?) es un término japonés que significa ‘persona bombardeada’ (de hibaku (被爆?), forma pasiva de baku (爆 bomba o bombardear?) y de sha (者 persona?)) y con el que se designa a los supervivientes de los bombardeos nucleares a civiles en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 por parte de la fuerza aérea de Estados Unidos tras la aprobación del presidente Harry S. Truman. (Wikipedia)

Argumento: Ludwig es alemán, ella es japonesa. Ambos se unen para toda la eternidad en 1945, en Hiroshima. Desde esa fecha, «hibakusha» es el nombre dado a los supervivientes de los ataques nucleares americanos en las ciudades de Nagasaki e Hiroshima. Testigos perpetuos del horror. Pero, más allá de la Historia, de sus caprichos, de sus dramas y sus desgarros, este álbum plantea las preguntas del instante posterior… ¿Qué queda de la vida de un hombre, de sus compromisos, de sus obligaciones no cumplidas, de sus faltas? ¿Qué queda de sus emociones, de sus amistades, de sus amores?

“La traducción es un Yunque” Roberto Bolaño

 

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«¿Cómo reconocer una obra de arte? ¿Cómo separarla, aunque sea sólo sea un momento, de su aparato crítico, de sus exegetas, de sus incansables plagiarios, de sus ninguneadores, de su final destino de soledad? Es fácil. Hay que traducirla. Que el traductor no sea una lumbrera. Hay que arrancarle páginas al azar. Hay que dejarla tirada en un desván. Si después de todo esto aparece un joven y la lee, y tras leerla la hace suya, y le es fiel (o infiel, que más da) y la reinterpreta y la acompaña en su viaje a los límites y ambos se enriquecen y el joven añade un gramo de valor a su valor natural, estamos ante algo, una máquina o un libro, capaz de hablar a todos los seres humanos: no un campo labrado sino una montaña, no la imagen del bosque oscuro sino el bosque oscuro, no una bandada de pájaros sino el Ruiseñor».

Fuente: La traducción es un Yunque.

Antonio Muñoz Molina “Como una sombra que se va”

“Mi hijo me cuenta cosas sobre su trabajo. Traduce subtítulos para documentales y películas de ficción. Hay temporadas en las que le llegan de golpe muchos encargos y tiene que pasarse jornadas de doce o catorce horas delante del ordenador; otras veces se queda sin nada que hacer. Hay agencias que tardan mucho en pagarle o que le regatean. De vez en cuando tiene que subtitular películas para festivales de cine sanguinario y fantástico, y acaba estragado de tantas vísceras, espantado de la clase de público que alimenta monótonamente su imaginación de esas cosas. Pero le gusta descubrir películas minoritarias, de países improbables, que si no fuera por su trabajo no sabría que existen, y sobre todo documentales.

Le pregunto qué desearía en su trabajo, si hay algo que siente que le falta, si necesita dinero. Pienso en el descontento incurable que yo tenía a su edad, la sensación de estar atrapado en una vida y en una ciudad y en un trabajo que no me gustaban, el desasosiego de escribir, la sospecha de estar escribiendo para nadie, el encono de los deseos ocultos. Con una naturalidad que me sorprende, mi hijo me dice que está contento. Quisiera tener algo más de estabilidad pero no se queja. Hace cosas que le gustan y que más o menos le dan para vivir. Toca la guitarra en un grupo de música pop y está empezando a componer algunas canciones. A él y a su novia les gustaría quedarse en Lisboa, pero si ella no encuentra un trabajo tendrán que volver a Granada. Quizás está mucho más dotado para el disfrute tranquilo de la vida de lo que yo estaba cuando tenía sus años. Lo que más le gusta traducir son los documentales: de viajes, de vidas de músicos, de historia del siglo XX, de enfermedades, de descubrimientos científicos, de animales, de selvas, de expediciones polares, de investigaciones submarinas. Vive enclaustrado en cada uno de ellos durante los días que tarda en completar la traducción, y es como si viajara solo, sedentariamente, por mundos sucesivos, en su cuarto de la Alfama, horas y horas delante de la pantalla del portátil. Le aviso de lo que él sin duda ya sabe, el peligro de estos oficios en los que uno pasa demasiado tiempo a solas y aislado de la realidad exterior, en los que no hay horarios ni más disciplina que la que uno pueda imponerse, a no ser la disciplina angustiosa de los plazos que se acercan y el remordimiento de haberlo ido dejando todo para el final.”

                                         Antonio Muñoz Molina “Como una sombra que se va”

PreTextos: Yoshimoto, Banana. N.P.

 

Yoshimoto, Banana. N.P. Barcelona: Tusquets, 1994

SINOPSIS

Kazami, una joven estudiosa de literatura, investiga el misterio que rodea al libro de cuentos, titulado N.P., de un escritor japonés, Sarao Takase, que escribía en inglés, vivió gran parte de su vida en Estados Unidos y se suicidó a los cuarenta y ocho años, dejando dos hijos, Saki y Otohiko. Poco a poco el lector va sintiendo la fascinación letal que ejerce la obra de Takase sobre quienes se acercan a estudiar N.P., en especial sobre sus traductores al japonés, uno de los cuales, Shoji, novio de Kazami, se quitó la vida después de traducir el relato número noventa y ocho.

 

 FRAGMENTO

-¿Trabajas de intérprete últimamente?

-A veces, cuando tengo que echarles una mano. Pero a mi edad es muy pesado y, si no me siento obligada, me niego a hacerlo.

-¿Traduces, entonces?

-Sí, ésa es ahora mi actividad principal.

-Hace mucho tiempo que traduces, ¿verdad?

-¿Por qué?

-Últimamente, como trabajo complementario, yo también hago muchas traducciones y, a veces, me pregunto qué es en realidad.

Entonces mamá respondió:

-En cualquier caso, tú no estás hecha para traducir.

-Sí, ya me lo figuraba, pero… ¿por qué? ¿Es que no soy lo bastante precisa?

-No, no es eso. No sé cómo decirlo. No es que seas blanda, no. No es eso. Eres… demasiado benévola. Te identificas demasiado con el texto, creo -dijo mamá.

Yo ya había reflexionado mucho sobre ello y pensé:

«Déjalo mamá, por favor».

-Por mucho que te esfuerces en mantener la distancia, una traducción acaba influyéndote y, en personas como tú, acaba teniendo un efecto negativo sobre el sistema nervioso.

-¿Estás segura?

-Estoy convencida. Aquel joven, Shõji, tampoco estaba hecho para este trabajo.

-Te acuerdas de él…

Mamá sonrió, como diciendo: « ¡Pues claro!».

-Mira, traducir una obra cuando se ha penetrado profundamente en ella es muy difícil. Yo lo creo así. Por eso, se convierte en algo odioso que hace sufrir. -Mamá sonrió y añadió-: Me parece comprender lo que sentía Shõji. A pesar de haber realizado este trabajo durante más de diez años, hay momentos de agotamiento. Y en el caso de la traducción, se trata de un cansancio muy peculiar.

En aquel momento, nos trajeron el postre y el café exprés, y la conversación se interrumpió.

Yo estaba maravillada, porque hacía tiempo que no oía hablar a mamá de sus pensamientos. Ni de su trabajo.

-¿Será por ir siguiendo paso a paso las frases de otra persona como si se trataran de tus propias ideas? Tantas horas al día, como si el texto fuera tuyo. Tu propio pensamiento empieza a coincidir con el circuito mental de otro. Es algo singular. Si te introduces hasta la identificación total, acabas no comprendiendo hasta dónde llega tu propio pensamiento y las ideas del otro se infiltran en tu vida cotidiana. Traducir la obra de un autor que ejerza una fuerte influencia acaba arrastrándote mil veces más que el simple hecho de leerla.

-¿Y eso puede sucederle incluso a una persona con tu experiencia?

-He acabado aprendiendo a dominarlo en estos últimos años, pero cuando empecé, sería hacia la época del divorcio, me resultó muy difícil. El trabajo no supuso para mí ayuda alguna, al contrario. Me preguntaba si yo sola podría llevarlo todo adelante, con dos niñas que criar. Cuando me ponía a pensarlo, ni siquiera podía conciliar el sueño. Imagínate, en mi situación, estar días enteros, sola ante un texto… Tenía una terrible sensación de, cómo decirlo, ¿de soledad? Me sentía bajo una terrible presión. Pero, sin embargo, es importante poder distraerse. Se trata de poder bloquear los pensamientos.

Yoshimoto, Banana. N.P.

Barcelona: Tusquets, 1994